La madrugada del 3 de enero de 2026 quedó marcada por una afirmación contundente: Estados Unidos capturó y extrajo a Nicolás Maduro desde Caracas.
Varios medios internacionales describieron la operación como un golpe quirúrgico apoyado por superioridad aérea, guerra electrónica y munición guiada de precisión.
Más allá de la disputa política, el interés aeroespacial está en otra parte: el “paquete aéreo” que permite entrar, dominar el espectro electromagnético y salir antes de que el adversario reaccione.
En este artículo, enfocado en la guerra electrónica, desarmamos el rol técnico de cazas furtivos, bombarderos y plataformas de interferencia, con cifras de costos y fabricantes.
Absolute Resolve como caso de estudio: la capa aérea
Según reconstrucciones difundidas en video y reportes de prensa, Absolute Resolve se ejecutó con múltiples aeronaves coordinadas desde bases y buques en el Caribe.
El objetivo operacional era doble: neutralizar la defensa aérea y, además, “limpiar” el canal de comunicaciones para que las fuerzas en tierra operaran sin fricción.
Ese enfoque no es nuevo, pero hoy depende de sensores, enlaces de datos y técnicas de guerra electrónica que convierten el cielo en un tablero de señales.
Cuando un Estado presume un paraguas antiaéreo denso, la respuesta moderna combina ciber, interferencia, señuelos y ataques de precisión contra radares y nodos de mando.
De SEAD/DEAD a control del espectro: por qué manda la guerra electrónica
En doctrina OTAN y estadounidense, SEAD significa suprimir defensas antiaéreas; DEAD implica destruirlas.
En la práctica, ambos conceptos se mezclan con un tercer eje: la negación del espectro electromagnético, que es donde vive el mando y control.
Un radar que “ve” mal no solo falla en detectar; también alimenta decisiones erróneas y, con ellas, respuestas tardías.
Así que, sin dramatismos, la guerra electrónica no es un accesorio: es el permiso de entrada para que la aviación haga su trabajo con riesgo calculado.
Las aeronaves clave y su misión técnica
- F-22 Raptor (Lockheed Martin): superioridad aérea y escolta de alto nivel, con baja firma radar.
- F-35A Lightning II (Lockheed Martin): penetración furtiva, fusión de sensores y ataques puntuales con munición guiada.
- B-1B Lancer (Rockwell; hoy Boeing sostiene flota): carga útil elevada y golpes de precisión contra nodos de mando.
- EA-18G Growler (Boeing): interferencia, escolta electrónica y supresión de sensores y comunicaciones.
- EC-130H Compass Call (Lockheed Martin C-130; misión electrónica por integración industrial): ataque electrónico contra enlaces, radios y redes.
- MQ-9A Reaper (General Atomics): ISR persistente y seguimiento de blancos.
Costos operativos: lo que cuesta sostener el paquete aéreo
Hablar de costos en operaciones especiales es delicado, porque el gasto real incluye logística, combustible, mantenimiento, personal, inteligencia y munición.
Aun así, una referencia útil son las tarifas de reembolso por hora de vuelo publicadas por el DoD para el año fiscal 2024.
En ese documento, un F-22A figura con 54.470 USD por hora, y un F-35A con 17.525 USD por hora.
En el segmento de bombarderos, el B-1B aparece con 85.476 USD por hora, lo que explica por qué se reserva para ventanas críticas y objetivos de alto valor.
En guerra electrónica, el EA-18G se sitúa en 16.572 USD por hora, mientras el EC-130H aparece con 14.180 USD por hora.
Estas cifras son orientativas, pero permiten dimensionar el esfuerzo: incluso un “raid” breve consume millones cuando se suman patrullas, reservas y redundancias.
F-22 y F-35: furtividad, sensores y el poder de ver primero
El F-22, fabricado por Lockheed Martin, se diseñó para dominar el combate aire-aire con baja observabilidad y gran maniobrabilidad.
Su lógica es simple: si el adversario no puede rastrearte con calidad, te ve tarde y decide peor.
El F-35A, también de Lockheed Martin, juega otra partida: integra sensores, fusiona datos y comparte la imagen táctica con otros nodos.
En términos operativos, el F-35 no solo “tira” bombas; también detecta emisiones, identifica amenazas y alimenta el kill chain con información accionable.
Este trabajo invisible es el que hace que la guerra electrónica sea más eficaz, porque permite priorizar qué se bloquea, qué se engaña y qué se destruye.
En adquisiciones, el DoD reportó en su Selected Acquisition Report (corte diciembre 2023) un Average Procurement Unit Cost del F-35 de 90,124 millones de dólares, una cifra promedio que varía por lote y configuración.
EA-18G Growler: el jammeo que desordena una defensa aérea
El EA-18G Growler, construido por Boeing sobre la base del Super Hornet, es la herramienta de guerra electrónica táctica por excelencia.
Su misión clásica es escoltar al paquete de ataque y saturar radares de vigilancia, radares de guiado y enlaces de datos con ruido y técnicas de engaño.
Cuando un Growler opera bien apoyado, los operadores antiaéreos pueden ver trazas inconsistentes, objetivos falsos o ecos degradados; ahí está el detalle incómodo.
En paralelo, el Growler habilita a los cazas furtivos para entrar más cerca, reducir exposición y emplear munición guiada con mayor probabilidad de éxito.
EC-130H Compass Call: la otra guerra, la de las comunicaciones
El EC-130H Compass Call pertenece a una familia basada en el C-130, plataforma robusta de Lockheed Martin con décadas de servicio.
Su aporte es menos vistoso, pero decisivo: degradar comunicaciones, enlaces y sistemas de mando y control, sobre todo cuando el adversario depende de radios para coordinar baterías.
En un entorno urbano, cortar la voz y el dato puede ser tan importante como destruir un radar, porque sin coordinación no hay fuego concentrado ni respuesta escalonada.
Además, la presencia de una plataforma así reduce la dependencia de ataques cinéticos y deja al adversario “hablando solo” justo cuando más necesita claridad.
B-1B Lancer: volumen de fuego y precisión en un mismo vector
El B-1B Lancer destaca por su capacidad de carga y por perfiles de misión que combinan velocidad y alcance.
En escenarios de supresión de centros de mando, su valor está en la cantidad de munición que puede lanzar en un lapso corto, manteniéndose fuera de zonas de amenaza o entrando con apoyo.
Si el objetivo es romper nodos críticos, un bombardero puede atacar varios puntos en un mismo ciclo y recortar el tiempo que el adversario tiene para reconfigurarse.
Con costos por hora elevados, su empleo se reserva para el “momento bisagra”, cuando la misión necesita evitar que la defensa se recomponga.
Munición guiada: precisión, estandarización y factura final
La narrativa de Absolute Resolve menciona bombas guiadas tipo JDAM/LJDAM y la GBU-39 SDB, porque son la herramienta lógica para golpes en infraestructura militar.
En la práctica, estas municiones reducen daño colateral, elevan probabilidad de acierto y permiten atacar múltiples blancos en una sola salida.
GBU-39/B Small Diameter Bomb: más blancos por avión
La SDB-1 es una bomba de pequeña masa con alas desplegables, pensada para atacar a distancia con alta precisión.
Su ventaja operativa es directa: un caza puede llevar varias SDB donde antes cargaba una bomba grande, multiplicando blancos por salida.
Industrialmente, la GBU-39/B se asocia a Boeing, y su lógica es eficiencia: más objetivos, menos exposición, mejor economía de salidas.
En costos, una venta notificada por DSCA a Polonia estimó 1.400 bombas GBU-39/B por 180 millones de dólares, incluyendo soporte y logística.
Ese número no es el “precio unitario puro”, pero sirve para aproximar el orden de magnitud cuando se agregan componentes, repuestos, entrenamiento y servicios.
GBU-54 LJDAM: JDAM con láser para blancos con movimiento
La LJDAM combina guía INS/GPS de JDAM con un conjunto láser, útil cuando el objetivo puede moverse o cuando se requiere corrección terminal.
En operaciones urbanas, esa flexibilidad es valiosa, porque la geometría de calles, humo y apagones exige alternativas; no es magia, es doctrina.
Además, el ecosistema JDAM se apoya en kits fabricados por Boeing, lo que ha convertido a la familia en un estándar industrial y logístico.
AGM-114R Hellfire y cohetes: cuando el apoyo cercano manda
En escoltas armadas y apoyo cercano, el misil AGM-114 Hellfire es un clásico por precisión y variedad de efectos.
El fabricante más asociado al Hellfire es Lockheed Martin, con décadas de evolución del sistema y múltiples variantes operativas.
Una notificación de DSCA para Egipto describió 2.183 misiles AGM-114R por un estimado de 630 millones de dólares, también con soporte asociado.
Para el combate de corto alcance, los cohetes tipo Hydra 70 y soluciones guiadas derivadas son habituales por coste-eficacia, aunque su precio exacto depende de la variante y del contrato.
¿Cuánto podría costar una noche como esa?
Un cálculo serio requiere datos clasificados: horas de tanqueros, consumo real, munición empleada, desgaste de motores y despliegue marítimo.
Aun así, con las tarifas por hora como guía, un paquete mínimo de dos F-22, cuatro F-35, un EA-18G, un EC-130H y un B-1B, volando varias horas, ya se mueve en millones.
Si además se añaden ISR persistente, patrullas de protección, reservas y reabastecimiento, la cifra crece rápido, incluso antes de sumar bombas, misiles y reposición.
Por eso, las operaciones especiales de alto perfil no se miden solo por minutos en tierra, sino por el “costo de asegurar el cielo” durante toda la ventana.
Empresas y cadena industrial: quién fabrica el poder aéreo
La industria detrás del paquete no es menor, y explica por qué estas capacidades tardan décadas en madurar.
- Lockheed Martin: F-22 Raptor y F-35 Lightning II, integración de sistemas y baja observabilidad.
- Boeing: EA-18G Growler y kits JDAM/LJDAM; además, soporte industrial ligado al B-1B.
- General Atomics: MQ-9A Reaper para vigilancia, seguimiento y persistencia ISR.
- Lockheed Martin (C-130): base estructural de plataformas como el EC-130H, donde la misión electrónica es el diferencial.
Lo interesante es que, en guerra electrónica, el hardware importa, pero el software, las bibliotecas de amenaza y la inteligencia de señales suelen decidir la ventaja real.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Qué es la guerra electrónica?
La guerra electrónica es el conjunto de acciones para usar, degradar o negar el espectro electromagnético, afectando radares, comunicaciones, enlaces de datos y sensores.
¿Para qué sirve el EA-18G Growler?
El EA-18G sirve para interferir y engañar radares y comunicaciones, proteger al paquete de ataque y facilitar misiones SEAD/DEAD con menor exposición.
¿Cuál es la diferencia entre SEAD y DEAD?
SEAD busca suprimir defensas antiaéreas temporalmente; DEAD busca destruirlas. En la práctica moderna, ambos se apoyan en guerra electrónica y munición guiada.
¿Cuánto cuesta una hora de vuelo de un F-22 y un F-35?
Como referencia DoD FY2024, el F-22A aparece con 54.470 USD por hora y el F-35A con 17.525 USD por hora, sin incluir todos los costos estratégicos.
¿Cuánto cuesta operar un B-1B en una misión de ataque?
En esas mismas tarifas, el B-1B figura con 85.476 USD por hora. El costo real de misión varía por combustible, mantenimiento, munición y despliegue.
¿Qué ventaja ofrece la GBU-39 SDB?
Permite atacar más blancos por salida porque un avión puede llevar varias SDB en el espacio que ocuparía una bomba más pesada, manteniendo precisión y alcance.
Conclusión
El relato de Absolute Resolve, más allá de la disputa política, ilustra una tendencia clara: la supremacía aérea hoy se compra en el espectro.
Sin guerra electrónica, el paquete de ataque se vuelve visible, predecible y, por tanto, caro en vidas y plataformas.
Con Growler, Compass Call, cazas furtivos y munición guiada, la misión se convierte en una ecuación de sincronización: entrar, cegar, golpear y salir.
Y cuando uno pone números a la mesa, queda una certeza fría: dominar el cielo durante unas horas puede costar millones, pero perderlo cuesta infinitamente más.
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